El estado precede a la acción

Por qué saber qué hacer no siempre alcanza cuando realmente importa

Hay momentos en los que sabemos exactamente qué hacer.

Lo entrenamos.
Lo estudiamos.
Lo practicamos cientos o miles de veces.

Y, sin embargo, cuando llega el momento importante, algo cambia.

Un deportista que ejecuta con precisión durante toda la semana entra en competencia y pierde claridad. Una persona que conoce perfectamente un tema se queda en blanco frente a un examen. Alguien que sabe qué quiere decir en una conversación difícil termina reaccionando de una forma completamente distinta a la que había imaginado.

Entonces aparece una explicación casi automática:

“Me faltó confianza.”
“Pensé demasiado.”
“Me puse nervioso.”
“No estaba preparado.”

Pero hay otra posibilidad.

Quizás la capacidad seguía estando disponible.

Lo que había cambiado era el estado desde el que intentábamos utilizarla.


Saber no es lo mismo que poder ejecutar

Esta diferencia es especialmente visible en el deporte.

Un atleta puede conocer perfectamente una técnica y haberla repetido miles de veces. Sin embargo, bajo determinadas condiciones de presión, su ejecución puede modificarse.

La investigación ha estudiado ampliamente el fenómeno conocido como choking under pressure: una disminución del rendimiento precisamente en situaciones donde existe una fuerte intención de hacerlo bien.

Una revisión publicada en Frontiers in Behavioral Neuroscience describe diferentes mecanismos que pueden contribuir a este fenómeno: aumento excesivo de la activación, cambios en la atención y una supervisión consciente exagerada de movimientos que normalmente se ejecutan de manera más automática.

Esto permite empezar a cuestionar una idea muy instalada:

más motivación no siempre produce automáticamente mejor rendimiento.

A veces, cuanto más importante sentimos que es el resultado, más cambia nuestra manera de respirar, de atender, de interpretar y de ejecutar.


Entonces, ¿qué es un estado?

Cuando hablo de estado no me refiero simplemente a estar “bien” o “mal”, tranquilo o nervioso.

Un estado es una configuración momentánea de diferentes dimensiones que interactúan entre sí:

  • nivel de activación,
  • respiración,
  • tensión muscular,
  • postura,
  • foco atencional,
  • emoción,
  • percepción de amenaza o desafío,
  • diálogo interno,
  • disposición para actuar.

No somos exactamente la misma versión de nosotros mismos en todos los estados.

Podemos tener los mismos conocimientos y habilidades, pero acceder a ellos de una manera diferente.

La ansiedad, por ejemplo, puede modificar la eficiencia del control atencional, haciendo más difícil sostener el foco sobre aquello que es relevante para la tarea. La teoría del control atencional propone justamente que la ansiedad puede aumentar la influencia de estímulos distractores o amenazantes sobre nuestra atención.

Por eso una pregunta que me parece fundamental es:

¿Desde qué estado estoy intentando hacer esto?


El error no siempre es técnico

Durante años acompañando deportistas fui observando algo repetidamente.

Después de un error, muchas veces intentamos corregir inmediatamente la técnica.

Pero el deportista quizás ya no está en el mismo estado en el que cometió ese primer error.

Ahora respira diferente.

Está más tenso.

Su atención quedó atrapada en lo que pasó.

Aparece el diálogo interno:

“otra vez lo mismo”.

“no puede pasarme esto”.

“estoy arruinando todo”.

Y entonces el segundo intento ya no ocurre solamente frente al desafío deportivo.

Ocurre también frente a la reacción que dejó el error anterior.

Ahí aparece una distinción que considero central:

no todo error necesita primero una corrección técnica.

Algunos necesitan primero recuperar un estado desde el que esa corrección pueda ser ejecutada.


Primero estado. Después acción.

Esta idea se convirtió para mí en una manera diferente de observar el rendimiento.

No significa que el conocimiento técnico deje de importar.

Todo lo contrario.

La técnica, la táctica, la preparación física y el entrenamiento son indispensables.

Pero para expresar aquello que aprendimos necesitamos poder acceder a ello bajo las condiciones reales en las que debemos rendir.

Por eso el entrenamiento no debería ocuparse solamente de aumentar capacidades.

También debería enseñarnos a reconocer y regular los estados desde los cuales esas capacidades aparecen.


Cuatro puertas de entrada

En el trabajo de entrenamiento mental que desarrollo con deportistas empecé a organizar estas intervenciones alrededor de cuatro grandes vías:

Respiración

La respiración es una de las señales más inmediatas del estado.

No respiramos igual antes de competir que descansando en nuestra casa. Tampoco respiramos igual después de cometer un error que cuando sentimos control.

Modificar conscientemente la respiración no resuelve mágicamente una situación, pero puede convertirse en una forma concreta de intervenir sobre la activación y recuperar atención.

Cuerpo

El estado también aparece en el cuerpo.

Mandíbula rígida.

Hombros elevados.

Manos tensas.

Postura cerrada.

Movimientos acelerados.

Antes de pedirle a una persona que “piense positivo”, a veces es mucho más útil ayudarla a detectar qué está haciendo físicamente.

Atención

La pregunta no es solamente si estamos concentrados.

La pregunta es:

¿en qué estamos concentrados?

Después de un error podemos seguir profundamente concentrados… en el error.

La capacidad de devolver la atención hacia información relevante para la siguiente acción es uno de los componentes centrales de la recuperación competitiva.

Lenguaje

El lenguaje interno puede ayudarnos a actuar o mantenernos atrapados en una interpretación.

Existe una enorme diferencia entre:

“No puedo volver a equivocarme.”

y

“¿Qué ajusto ahora?”

La primera frase mantiene el problema en el centro.

La segunda devuelve atención a una acción posible.


No buscamos eliminar las emociones

Regular un estado tampoco significa estar siempre tranquilo.

Ese sería otro error.

El rendimiento óptimo no parece corresponder a un único nivel universal de activación o a una emoción determinada para todas las personas.

Modelos desarrollados dentro de la psicología del deporte, como el de Individual Zones of Optimal Functioning (IZOF), han mostrado la importancia de considerar patrones individuales al analizar la relación entre experiencia emocional y rendimiento.

Hay personas que necesitan mucha activación para rendir.

Otras funcionan mejor en estados más calmos.

Por eso no se trata de llevar siempre al deportista hacia la tranquilidad.

Se trata de ayudarlo a encontrar su estado funcional para esa tarea.


Las rutinas importan porque preparan el acceso

Esto también ayuda a entender por qué tantos deportistas utilizan rutinas antes de ejecutar.

Respirar.

Mirar un punto.

Acomodar el cuerpo.

Repetir una palabra.

Realizar siempre una determinada secuencia.

Las rutinas precompetitivas se han estudiado como herramientas para organizar pensamientos y acciones antes de una ejecución. Una revisión meta-analítica encontró efectos beneficiosos de estas rutinas sobre el rendimiento deportivo, incluso bajo condiciones de presión.

Desde mi mirada, una rutina no es simplemente una superstición.

Puede funcionar como una puerta de entrada a un estado conocido.


Esto no sucede solamente en el deporte

El deporte vuelve visible algo que sucede constantemente en nuestra vida.

Pensá en una entrevista laboral.

Sabés lo que querés decir.

Pero cambia tu respiración.

Se acelera tu pensamiento.

Empezás a anticipar qué estará pensando la otra persona.

Y tu capacidad para comunicarte se modifica.

O una conversación importante.

Llegaste con la intención de escuchar, explicar y resolver.

Pero una frase activa una reacción.

Tu cuerpo cambia.

Tu atención cambia.

Tu lenguaje cambia.

Y de pronto ya no estás conversando desde la misma persona que había pensado esa conversación unas horas antes.

Por eso esta idea trasciende al rendimiento deportivo.

Podemos aplicarla a:

exámenes, liderazgo, vínculos, escenarios, entrevistas, decisiones, creatividad y momentos de presión.


Tal vez no necesitás exigirte más

Muchas veces, cuando algo no nos sale, respondemos con más exigencia.

“Concentrate.”

“Dale.”

“Pensá.”

“Tenés que hacerlo.”

“Vos podés.”

Pero si el estado desde el que estamos intentando ejecutar ya está desorganizado, sumar presión puede aumentar todavía más esa dificultad.

Quizás antes de preguntar:

“¿Qué tengo que hacer?”

podamos incorporar una pregunta previa:

“¿Desde qué estado estoy intentando hacerlo?”

Y después:

¿qué puedo hacer ahora para volver a estar disponible para la siguiente acción?


Una idea simple, no una fórmula mágica

No propongo que el estado explique todo el rendimiento humano.

Sería una simplificación.

Tampoco que respirar, cambiar la postura o utilizar una palabra vaya a resolver cualquier situación.

El rendimiento es complejo y depende de múltiples factores: preparación, contexto, experiencia, capacidades físicas, técnica, decisiones, emociones y muchas otras variables.

Lo que propongo es incorporar una dimensión que muchas veces dejamos en segundo plano:

la capacidad de reconocer desde qué estado estamos intentando utilizar todo lo que sabemos.

En mi experiencia como entrenador mental y deportista, esa pregunta cambió profundamente mi manera de observar el rendimiento.

Porque muchas veces la capacidad sigue ahí.

No desapareció.

Simplemente necesitamos recuperar las condiciones que nos permiten acceder a ella.


El estado precede a la acción

La próxima vez que sepas perfectamente qué hacer pero no puedas hacerlo como esperabas, antes de concluir que te falta capacidad, confianza o preparación, probá hacerte una pregunta diferente:

¿Desde qué estado estoy intentando actuar?

Quizás ahí aparezca una puerta que antes no estabas viendo.

Porque aprender más siempre será importante.

Entrenar más también.

Pero existe otra habilidad:

aprender a volver al estado desde el que podemos utilizar todo aquello que ya sabemos.

Y, a veces, eso puede cambiar completamente la siguiente acción.


Sobre el autor

Lucas Sebastián Lissi es Coach Deportivo y Ontológico, especialista en entrenamiento mental aplicado al deporte y deportista competitivo de tiro con arco. Es cofundador de BOOSTER Mental y creador de desarrollos orientados al entrenamiento y regulación de estados de rendimiento, integrando herramientas provenientes del coaching deportivo, mindfulness, neurociencias aplicadas y experiencia de campo con deportistas.


Referencias

Yu, R. (2015). Choking under pressure: the neuropsychological mechanisms of incentive-induced performance decrements. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 9, 19.

Eysenck, M. W., Derakshan, N., Santos, R. & Calvo, M. G. (2007). Anxiety and cognitive performance: Attentional Control Theory. Emotion, 7(2), 336–353.

Ruiz, M. C., Raglin, J. S. & Hanin, Y. L. (2017). The individual zones of optimal functioning (IZOF) model: Historical overview of its development and use. International Journal of Sport and Exercise Psychology, 15(1).

Rupprecht, A. G. O., Tran, U. S. & Gröpel, P. (2021). The effectiveness of pre-performance routines in sports: a meta-analysis. International Review of Sport and Exercise Psychology.

Cotterill, S. (2010). Pre-performance routines in sport: current understanding and future directions. International Review of Sport and Exercise Psychology, 3(2), 132–153.

Select your currency
USD Dólar de los Estados Unidos (US)